Investigación Científica: Elemento vital para la Universidad

Pensemos en cualquier universidad y asumamos que en ella se realiza investigación científica; ¿qué le ocurriría si, de un momento a otro, tal actividad dejara de practicarse?

No cabe duda que no se paralizaría. No dejaría de hacer el resto de cosas que normalmente hace: procesos de matrícula, desarrollo de las clases y actividades académicas colaterales, labores administrativas, cursos de actualización profesional, proyección social, etcétera. La universidad seguiría con su dinámica habitual. Igual habrían egresados y hasta titulados. De hecho, existen muchas universidades en donde no se investiga seriamente y otras en las que ni siquiera hacen el intento y, sin embargo, nadie les ha extendido certificado de defunción. Siendo esto así, ¿qué necesidad y provecho hay en investigar? ¿Para qué dedicar tiempo, energía y recursos en una actividad, aparentemente, superflua?

Las peores enfermedades, las más peligrosas y letales son las asintomáticas. Aquellas que, a pesar de estar presentes en nuestro organismo, no se manifiestan sino cuando ya es tarde. Coexistimos con la enfermedad pero no nos damos cuenta. Nuestros días están contados pero como no nos hemos enterado seguimos desarrollando nuestras habituales actividades. Igual trabajamos, dormimos, amamos, nos alimentamos, y nos divertimos. Hay algo en nuestro organismo que nos está matando pero, como el resto funciona normalmente, no le damos ninguna importancia. A veces sentimos un ligero malestar que se repite con alguna frecuencia, pero como no impide que hagamos lo de costumbre no le prestamos atención. Mayor interés le damos a ese barrito en el rostro o a esas inoportunas arrugas. Nos preocupamos de nuestra apariencia sin saber que internamente hay un carcinoma que crece.

La universidad que no investiga sufre de una enfermedad asintomática. Al igual que el resto de enfermedades de esta naturaleza, solo un examen detenido puede hacernos ver qué ocurre más allá de lo epidérmico. En virtud de esto, no solamente se podrá constatar que son pocos los que elaboran un trabajo de investigación para graduarse; sino, también, tras minuciosa evaluación, probablemente encontremos otras cosas menos palmarias, pero no menos importantes.

Como el que investiga está obligado a enterarse de los nuevos conocimientos, probablemente encontremos en la universidad que no investiga que los profesores no han leído o, peor aun, no conocen el estado del arte en su respectiva especialidad (tengamos en cuenta que el estado del arte no es lo que dice el autor de moda, ni lo que está escrito, necesariamente, en el último best seller; que todos nos apuramos en comprar y, principalmente, mostrar). Probablemente encontremos en la universidad que no investiga, que la mayor preocupación está en pronunciar correctamente los extranjerismos recién llegados: coaching, mentoring, e-learning, balance scorecard y otros tantos; en lugar de preocuparse en verificar si las ideas que estos terminejos rotulan son realmente originales.

Como el que investiga debe tener siempre una actitud crítica, tanto con el conocimiento vigente como con los recientes hallazgos; probablemente encontremos en la universidad que no investiga que los alumnos de últimos ciclos solo reproducen, jamás cuestionan. Sólo hacen preguntas, jamás debaten. Probablemente encontremos en la universidad que no investiga que los profesores califican, con su actitud, de hereje o sacrílego al alumno que se atreve a discutir su opinión (la que por cierto muchas veces solo es eco de lo dicho por la vaca sagrada de turno).

Como el que investiga necesita mantenerse actualizado; probablemente encontremos en la universidad que no investiga que su biblioteca carece de revistas científicas.

Como el que investiga necesita exponer ante la comunidad científica sus hallazgos, probablemente encontremos en la universidad que no investiga publicaciones de poco valor. Probablemente encontremos que sus egresados no son capaces de escribir aceptablemente. Probablemente encontremos que los eventos científicos (mesas redondas, simposios, seminarios, debates, etcétera) nunca se realizan.

Como el que investiga lo hace en un contexto social determinado, probablemente encontremos en la universidad que no investiga que los conocimientos que se transmiten se han generado observando otras realidades. Diferentes a la propia, y que, en tal sentido, devienen, muchas veces, inaplicables; teórica y tecnológicamente.

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